Sobre la Monarquía de Julio y el 'justo medio' francés
La Carta de
1814 dio paso a la Restauración borbónica en Francia y Luis XVIII reinó
hasta 1824, año de su muerte. La corona francesa recayó entonces en Carlos X,
un rey con ideas absolutistas y que siempre apoyó al partido ultramonárquico
francés. En 1830, a pesar de no tener el apoyo de ambas cámaras legislativas,
el Rey siguió apoyando el gobierno de Polignac, político
ultramonárquico, el cual le aconsejó al Rey disolver las cámaras. Carlos X,
convencido de que era Rey por derecho divino, publicó unas ordenanzas en las
cuales, entre otras cosas, suspendía la libertad de prensa, disolvía la Cámara
de los Diputados, reducía también los diputados de esta cámara, restringía aún
más el sufragio y las condiciones para poder ser elegido. Esto provocó unas
reacciones en el campo liberal que se acabaron conociendo como la Revolución de
Julio, el nombramiento de Luis Felipe de Orleans como nuevo Rey de los
franceses y el derrocamiento de Carlos X, el último borbón que reinó en
Francia. Se iniciaba así la conocida como Monarquía de Julio.
La Monarquía de
Julio era el sistema ideado por los liberales doctrinarios, que se basaban en
la teoría del “justo medio”. El principal éxito alcanzado por la heterogénea
alianza del "Juste Milieu" en 1830 fue aunar dos variables
históricamente opuestas: el derrocamiento revolucionario de un régimen y,
simultáneamente, el mantenimiento del orden. La clave para que los simbolismos
de la tradición y el progreso coexistieran fue la invención de la receta
orleanista. La corona de Luis Felipe, construida sobre los conceptos
antitéticos de revolución y orden, fue concebida por un pequeño círculo de
liberales-conservadores moderados, pero logró legitimarse eficazmente como una
opción "necesaria" frente a los extremismos opuestos (Caruso, 2017).
Fue la
Revolución de Julio la que verdaderamente instauró la monarquía del centro,
caracterizando un régimen de conciliación y reconciliación, de moderación y
destinado a evitar excesos, de alianza contractual entre lo viejo y lo nuevo
(Rioux, 2011). La conciliación tomó la forma de un ajuste significativo de la Carta
Constitucional, incluido el preámbulo de 1814 con un tono particularmente
reaccionario. También son dignos de mención los cambios institucionales y
legales. Las grandes libertades públicas ahora estaban protegidas. Se proclamó
la libertad religiosa, el catolicismo ya no era más que la religión de la mayoría
de los franceses, y las leyes de finales de agosto y principios de noviembre
de 1830 ampliaron el artículo 6, distanciando permanentemente al clero de las
esferas de toma de decisiones. La libertad de prensa estaría garantizada por el
artículo 7, que establece que la censura ya no puede restablecerse. Se
ampliaron las prerrogativas del poder legislativo, el rey ya no podía oponerse
a la aplicación de las leyes por ordenanza (artículo 13), ni legislar solo, las
cámaras recibieron esta iniciativa con él (artículo 14) y el derecho de voto se
ampliaría en una fecha posterior (artículo 30) (Lamarque, 2005). También la
bandera tricolor de la Revolución Francesa se escogió bandera nacional.
Respecto al mapa
político liberal de la Monarquía de Julio podemos distinguir varios sectores. Una
izquierda dinástica en torno a Barrot, Laffitte y el periódico Le
Siècle, discípulo de un liberalismo reformista favorable a la pequeña
burguesía; un centroizquierda en torno a Thiers y el Constitutionnel,
defendiendo una política liberal que a veces era conservadora y una política
exterior que a veces era agresiva; un centro, el tercer partido del
abogado Dupin, él mismo disfrazado de término medio o
incluso de pantano, alternativamente liberal o conservador según
sus intereses; finalmente, un centro-derecha en torno a Perier, Broglie,
Guizot y el Journal des Débats, adepto a un conservadurismo
liberal incidental, que evolucionó gradualmente hacia la derecha (Lamarque,
2005).
Después de su
éxito en Francia, se difundieron por toda Europa los conceptos clave del “justo
medio”: (I) la sugerencia de un equilibrio moderado frente al espectro de los
extremismos opuestos; (II) el paradigma de la "política de lo
posible", vinculado a la ideología del progreso, el constitucionalismo
moderado y un tímido liberalismo económico; (III) el intento de fusionar las
experiencias de la Ilustración, la Revolución y la Revolución napoleónica con
la tradición monárquica (Caruso, 2017).
No se puede
hablar de la Monarquía de Julio sin nombrar a su máximo exponente político, François
Guizot. Durante los primeros diez años de la Monarquía de Julio, Guizot
siguió una política de resistencia, buscando consolidar los logros de la
Restauración a la vez que implementaba una serie de reformas fundamentales,
como las de la educación primaria (estableció el sistema nacional de educación
primaria francés) (Craiutu, 2006:46). Sin embargo, a partir de 1840 Guizot
no logró comprender la tendencia general de la sociedad francesa y fue incapaz
de implementar una política social inspirada en la Ley de Pobres inglesas. Guizot
creía en la necesidad del pluralismo social y político, pero nunca intentó
comprender realmente las raíces profundas del conflicto entre las clases bajas
y medias, y se mostró incapaz de abordar el surgimiento de nuevas fuerzas
sociales y económicas hacia el final de la Monarquía de Julio (Craiutu,
2006:175).
La Monarquía de
Julio empezó a entrar en crisis por falta de aperturismo y reformas,
especialmente en el tema del sufragio, hecho que criticó el conservador español
Andrés Borrego en su libro El 48. Autocrítica del liberalismo. Si
el “justo medio” en julio de 1830 era abierto y generoso, llevado por un
verdadero impulso popular hábilmente recuperado, a partir de marzo de 1831
trató de encontrar un delicado equilibrio entre su naturaleza conservadora y su
cultura liberal. Finalmente, a finales de 1840, se retiró a sus certezas y se
alejó de sus preceptos iniciales. Esta evolución regresiva del término
medio refleja sobre todo el pragmatismo relativo de los liberales
franceses que intentaron en vano combinar aspiraciones visiblemente
contradictorias, pero también los límites de su método de gobierno,
aparentemente en el centro, pero técnicamente en la derecha. La Monarquía de
Julio fue, sin embargo, uno de los momentos fundacionales de la cultura liberal
en Francia, enfrentada por primera vez con el ejercicio duradero del poder
(Lamarque, 2005).
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