El pequeño hueco entre PP y PSOE (I): los números

Hace unas semanas salió un artículo publicado en El País donde, a raíz del nuevo partido Democracia 21 creado por Miriam González, se explican las dificultades que tendría este proyecto político y que el momento no sería el ideal para este tipo de partido. A pesar de que Miriam González no se quiere ubicar en el centro, todos los analistas lo ven como un partido que buscaría votos en el centro ideológico, ya que, a priori, es el único sector ideológico donde hay un vacío en la oferta electoral. A continuación, haré un breve resumen de las dificultades que ven estos analistas (que ya aseguran que este partido no tendría éxito) y que luego intentaré demostrar que, aunque el hueco sea pequeño, hay espacio para este tipo de partido. En este artículo mostraré los números que darían viabilidad a este partido, y en otro posterior, las razones que lo harían posible.

Todo el artículo gira en dos argumentos: la desmovilización entre las personas del centro ideológico y la polarización que hay ahora mismo en España. Empezamos por el primer argumento: es verdad que mucha gente se ubica en el medio de la escala ideológica porque, o bien no sabe ubicarse, o bien porque le da igual la política. También es verdad que es un electorado poco movilizado porque tiene bajo interés en la política. Esta desmovilización centrista es algo que han padecido todos los partidos de centro y aún así, han existido partidos de centro en España y en otros países de Europa con ese hándicap.

El argumento anterior, unido a la polarización que hay ahora mismo en España, es lo que haría imposible un partido entre PP y PSOE. Tiene razón el artículo cuando se habla que ahora ser de “derechas” o “izquierdas” quiere decir que las propuestas no se mezclan nada entre ellas (inmigración, vivienda, impuestos), con lo que haría más difícil la adopción de ser más progresista en unos asuntos y ser más conservador en otros. También es cierto que la polarización en España va a convertir las próximas elecciones sobre un plebiscito sobre la continuidad o no de Pedro Sánchez como presidente del gobierno, lo que dificultaría la opción de un partido de medias tintas. Todo ello, unido a la dificultad de un sistema electoral que penaliza a los partidos pequeños estatales y a la necesidad de tener un partido preparado en menos de un año para las próximas elecciones.

Los argumentos que se nombran son convincentes e invitan a una idea: no hay hueco para un partido de centro. Partiendo de la base de las dificultades que tiene un partido de centro (y más con la polarización actual), yo considero que sí que hay espacio para un partido de centro, reducido, pero lo hay. Creo que el primer error que cometen algunos de los autores es definir que en el centro solo se ubican las personas desmovilizadas o desinteresadas en la política y pasan por alto a los electores que, verdaderamente, tienen una posición centrista. Es verdad que estos electores pueden no ser muchos (con los estudios que hay es difícil cuantificarlos), pero con que sean la mitad del electorado que se ubica en esa posición ideológica (si alrededor del 20% de electores se sitúan en el centro, estaríamos hablando de un 10%), ya es un electorado considerable.

Es cierto que el tener una posición centrista no significa que uno esté fuera de la polarización actual y que no sepa lo que se va a jugar en las próximas elecciones: Sánchez sí, Sánchez no. La mitad de los votantes centristas ya votaron por PP o PSOE en las elecciones de 2023 y en el último CIS (julio 2026), un 25,4% de los centristas votaría al PP y un 12,4% al PSOE. Ahora bien, tenemos la opción de “No sabe todavía” que se sitúa en el 22,4% entre los centristas. Si es verdad que algunos se pueden refugiar en esa opción para disimular su abstención, ahí hay un espacio electoral libre, pequeño, eso sí ¿Cuántos votos podrían ser? Si consideramos que los centristas son el 20% del electorado, en números absolutos (teniendo en cuenta el censo de las generales de 2023) son unos 7 millones de votantes (sin contar residentes en el extranjero). Descontemos a las personas desinteresadas que se ubican en esa posición central, a falta de estudios, la mitad (y es una reducción bastante drástica). Eso hace un total de 3,5 millones de votantes. Ahora, si de esos 3,5 millones establecemos que, según el último CIS el 22,4% no sabe a quien votar, nos sale una cifra de 770.000 votantes. Y eso teniendo en cuenta que el CIS engloba en la posición ’5’ de la escala a todos los votantes sin distinguir el motivo del por qué se ubican en esa posición, que en ese caso sería el doble, un millón y medio de votantes. Es decir, hay un espacio electoral que puede ir entre los 770.000 votantes y el millón y medio que serían proclives a votar a un partido entre PSOE y PP. Es verdad que he incluido a todos los votantes en el ‘5’ que se muestran indecisos y que ahí puede haber mucho abstencionista oculto o personas que no quieren decir su sentido del voto, pero también he reducido el electorado centrista a la mitad, lo cual me parece una reducción bastante importante y por eso luego he contado a todos los indecisos.

¿Cuántos escaños significarían estos votos? Teniendo en cuenta la participación de las generales de 2023 y sin contar el voto CERA, estamos hablando entre el 3,1% y el 6% de los votos. Es verdad que el resultado en escaños no sería muy alto, ya que el sistema electoral penaliza a los partidos que tienen el voto disperso por todas las provincias. Como ejemplos en la horquilla baja, IU en 2015 con el 3,7% de los votos consiguió dos escaños, pero UPyD en 2008 solo necesitó el 1,2% de los votos para conseguir un escaño y Más País en noviembre de 2019 consiguió 2 escaños con solo el 1,36% de los votos (los tres partidos solo obtuvieron representación en Madrid). En la horquilla alta, UPyD en 2011 consiguió con el 4,7% de los votos un total de 5 escaños, mientras que Ciudadanos en 2019 con el 6,8% consiguió 10. Con el clima de polarización actual, es probable que la estimación más realista sea la de la horquilla baja, pero con un 3% de los votos, si muchos de esos votos están concentrados en la provincia de Madrid se pueden conseguir uno o dos escaños para entrar en el Congreso, tener un altavoz más potente en los medios de comunicación y tiempo para crear un partido que tenga más musculatura para las siguientes elecciones. Ese sería el objetivo y ya sería un éxito. Ahí viene el otro error que creo que cometen los analistas de El País, que quizás están pensando en un espacio electoral más amplio para definir si existe hueco o no. No estamos hablando de obtener 40 escaños, estaríamos hablando de entrar en el Congreso y, viendo los datos del CIS, es matemáticamente posible.

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